Cómo organizar tu plata si tus ingresos son irregulares

Presupuestar con un sueldo fijo es fácil. Con facturación que cambia todos los meses hace falta otro método: el del mes base, el colchón de nivelación y el sueldo que te pagás vos.

Todo el consejo estándar de finanzas personales asume un sueldo: entra lo mismo el mismo día de cada mes. Si facturás, trabajás por proyecto, cobrás comisiones o hacés changas, ese consejo no te sirve — no porque esté mal, sino porque resuelve un problema que no tenés.

Tu problema no es cuánto gastás. Es que no sabés cuánto va a entrar, y eso convierte cualquier presupuesto mensual en una adivinanza.

Paso 1: dejá de presupuestar contra el mes que viene

El error de arranque es armar el presupuesto de octubre con lo que esperás facturar en octubre. Si sale menos, el mes ya nació roto.

Lo que funciona es invertir el orden: el mes se financia con lo que ya entró, no con lo que va a entrar. Lo que cobrás en octubre paga noviembre. Eso solo requiere un mes de colchón, y desde ahí el sistema se sostiene solo.

Paso 2: calculá tu mes base

Tomá los últimos seis o doce meses de ingreso —cuantos más, mejor, porque lo que buscás es el piso, no el promedio— y quedate con el mes más flojo que no fue una catástrofe. En la práctica: ordená los meses de menor a mayor y tomá el que está en el 25% de abajo.

Ese es tu mes base. Es el número con el que armás el presupuesto: alquiler, servicios, comida, mínimos de deuda, todo tiene que entrar ahí. Si no entra, el problema no es de presupuesto y hay que resolverlo antes.

Presupuestar contra el promedio parece más justo y es una trampa: en un ingreso variable, la mitad de los meses está por debajo del promedio.

Paso 3: pagate un sueldo

Este es el cambio que más ordena, y es casi mecánico.

Todo lo que cobrás entra a una cuenta —llamémosla la de entrada— y de ahí, una vez por mes y siempre el mismo día, te transferís tu mes base a la cuenta con la que vivís. Eso es tu sueldo. Vivís con eso.

Lo que sobra en la cuenta de entrada no es tuyo todavía: es el colchón de nivelación, y es lo que paga los meses malos. Un mes bueno no es un mes para gastar más; es un mes que financia al que viene.

Cuando el colchón supera tres meses base, ahí sí: subís tu sueldo, o pasás el excedente al fondo de emergencia o a inversión.

Paso 4: apartá los impuestos el día que cobrás

El error más caro del trabajo independiente no es gastar de más: es gastarse la plata de los impuestos porque estaba en la cuenta.

Cada vez que entra plata, apartá el porcentaje que te corresponde —lo sabés, o lo sabe tu contador— y trátalo como si nunca hubiera entrado. Lo mismo con lo previsional. Si esperás a que llegue el vencimiento, el vencimiento llega igual pero la plata no.

Anotalo como un gasto en el momento en que apartás, no cuando pagás. Así tu mes refleja lo que de verdad te queda.

Paso 5: separá lo del trabajo de lo tuyo

Si los gastos del trabajo y los personales viven mezclados, no sabés cuánto ganás ni cuánto gastás: sabés cuánta plata te quedó, que no es lo mismo. La mecánica está en separar gastos personales y de trabajo.

Qué mirar todos los meses

Tres números, cinco minutos:

  1. ¿Cuánto entró este mes contra tu mes base?
  2. ¿Cuánto tiene el colchón, medido en meses base?
  3. ¿Cuánto hay apartado de impuestos contra lo que vas a deber?

Si los tres están sanos, el mes está bien aunque haya sido flojo. Es exactamente lo que un ingreso variable no te deja ver de otra forma.

En una línea

Presupuestá contra tu mes más flojo y no contra el promedio, pagate un sueldo fijo desde una cuenta de entrada, dejá que los meses buenos financien a los malos, y apartá impuestos el día que cobrás y no el día que vencen.

Kesef es gratis, en iPhone y Android

Gastos compartidos sin tope, más de 60 monedas y los números explicados.

Descargar en el App StoreDisponible en Google Play

Seguir leyendo

← Todo el blog